Ayudar a los niños con sus miedos en una crisis
Los niños toman mucho como referencia a sus cuidadores. Lo que más les ayuda es la cercanía, un tono tranquilo, explicaciones sinceras y adecuadas a su edad, rutinas conocidas y el juego. Los retrocesos, como pegarse a los adultos, mojar la cama o tener problemas de sueño, son frecuentes tras sucesos angustiosos. Si las reacciones intensas persisten, busca apoyo profesional.
- De forma continua durante y después de la crisis

Explicado de forma sencilla
En los momentos difíciles los niños observan con atención cómo se comportan los adultos. Es como en un avión que se sacude: si la tripulación sonríe con calma, los pasajeros tienen menos miedo. Por eso, lo primero que pueden hacer los adultos es respirar hondo ellos mismos. Los adultos también pueden tener miedo; lo importante es que aun así transmitan: «Nos estamos ocupando de esto».
A los niños les ayuda la cercanía: sentarse en tu regazo, darse la mano, estar juntos. Necesitan explicaciones sinceras y sencillas sobre lo que ha pasado y lo que están haciendo los adultos. Si no se les dice nada, a menudo se imaginan algo todavía peor. Jugar, dibujar y hacer pequeñas tareas, como sujetar la linterna, también ayudan contra el miedo.
Lo más importante: evita, siempre que sea posible, separar a los niños de las personas en las que confían. Y si un niño sigue sufriendo mucho después de semanas, o habla de hacerse daño, busca ayuda profesional; en caso de peligro agudo, llama enseguida al número de emergencias (112 en la UE) o a una línea de crisis.
Cómo funciona
A menudo los niños todavía no pueden juzgar por sí solos los peligros. Por la cara, la voz y los movimientos de los adultos deducen lo grave que es la situación. Un adulto tenso y agitado transmite su inquietud; un adulto que habla y actúa con calma les da algo a lo que agarrarse. Por eso, calmarte tú primero no es un asunto secundario, sino el primer paso para ayudar al niño.
A los niños la incertidumbre suele asustarles más que la verdad. Un niño que no recibe ninguna explicación rellena los huecos con su imaginación, y eso a veces es peor que la realidad. Además, los niños a veces creen que tienen la culpa de lo ocurrido. Una explicación sencilla y sincera les quita ese peso.
Las rutinas conocidas, como las comidas o el cuento antes de dormir, le muestran al niño que algunas cosas siguen igual que siempre. El juego, el dibujo y el movimiento ayudan a los niños a procesar a su manera lo que han vivido. Las pequeñas tareas les dan la sensación de poder ayudar en lugar de limitarse a mirar sin poder hacer nada.
Lo que de verdad importa: explicar bien
Habla con frases cortas adaptadas a la edad del niño. A un niño de guardería a menudo le basta con decirle: «Se ha ido la luz. Por eso no funciona la lámpara. Tenemos linternas y nos quedamos juntos». Los niños mayores quieren saber más y pueden saberlo. Di siempre también qué hacen los adultos para que todos estén a salvo.
Responde con sinceridad a las preguntas, aunque se repitan: la repetición ayuda a los niños a entender las cosas. «Todavía no lo sé» es una buena respuesta, honesta. Pero no hagas promesas que quizá no puedas cumplir, como «Mañana todo volverá a estar bien». Si una promesa así se rompe, el niño pierde la confianza.
Permite los sentimientos. Di, por ejemplo: «Eso daba mucho miedo. Está bien tener miedo». No te rías del miedo ni le quites importancia. Los adolescentes quieren que se los tome en serio: infórmalos con franqueza, hazlos partícipes de las decisiones y dales tareas con responsabilidad.
Reacciones típicas en los niños
Tras sucesos angustiosos, muchos niños reaccionan con comportamientos que parecían «superados»: se agarran a los adultos, no quieren dormir solos, vuelven a mojar la cama o hablan como niños más pequeños. Otros tienen pesadillas o dolores de barriga, se vuelven irritables, enfadados o muy callados. Todo esto es frecuente y, por lo general, una reacción comprensible ante algo extraordinario.
Responde con paciencia y no castigues estos retrocesos. Un niño que se agarra a ti busca seguridad: la mejor respuesta es la cercanía. Con los adolescentes conviene fijarse en el aislamiento, las conductas de riesgo o el consumo de alcohol o drogas.
Muchos niños se recuperan bien tras las crisis cuando se sienten seguros, conectados y tomados en serio. Pero si las reacciones intensas persisten durante semanas, empeoran, o un niño habla de hacerse daño, la ayuda profesional es importante, por ejemplo a través del pediatra o de un servicio de orientación familiar.
Seguridad: a qué debes prestar atención
Evita separar a los niños de sus cuidadores siempre que sea posible. En las evacuaciones y en los refugios, los niños pequeños deben llevar los nombres y los datos de contacto de sus padres, por ejemplo en una nota en el bolsillo de la chaqueta. Acuerda de antemano un punto de encuentro con los niños mayores por si llegáis a separaros.
Protege a los niños de imágenes y sonidos perturbadores. Las imágenes constantes de catástrofes en la tele o en las redes sociales pueden asustarlos aún más. Limita el uso de los medios y, si ves las noticias, hazlo junto a ellos y ponlas en contexto. Los niños tampoco deben oír por casualidad las conversaciones de los adultos sobre miedos y noticias terribles.
Si un niño o un adulto habla de quitarse la vida o de hacerse daño, pone en peligro a otros o pierde por completo el control: llama de inmediato al número de emergencias local (112 en la UE) o a una línea de crisis local y no dejes sola a la persona.
Bueno saberlo: piensa también en ti
Estar al lado de los niños en una crisis exige mucho, sobre todo cuando tú mismo tienes miedo y duermes poco. Los padres que ignoran su propio agotamiento acaban sin paciencia. Por eso los descansos, el sueño, la comida y una conversación con otro adulto no son egoístas, sino un requisito para cuidar bien de los niños.
Mete de antemano en la mochila de emergencia objetos de consuelo, como un peluche, un juego pequeño o material para dibujar. Un peluche conocido en un refugio de emergencia extraño puede significar mucho para un niño pequeño.
La guía de primeros auxilios psicológicos de la OMS y la guía de la Red Nacional de Estrés Traumático Infantil de EE. UU. tienen apartados dedicados a los niños. Sus puntos clave coinciden: mantén a los niños con sus cuidadores, protégelos de imágenes perturbadoras, escucha, explica de forma sencilla y mantén las rutinas.
Paso a paso
Primero, respira tú
Haz una breve pausa y exhala con calma antes de hablar con el niño. Los adultos también pueden mostrar miedo; lo importante es que den la impresión de poder actuar.
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Primero, respira tú
Haz una breve pausa y exhala con calma antes de hablar con el niño. Los adultos también pueden mostrar miedo; lo importante es que den la impresión de poder actuar.
- 2
Dar cercanía
Quédate con el niño, ofrécele contacto físico, ponte a su altura. Los niños pequeños necesitan sobre todo cercanía y una voz conocida.
- 3
Explicar con sinceridad y sencillez
Con frases cortas y adecuadas a su edad, explica qué ha pasado y qué hacen los adultos para que todos estén a salvo. Responde a las preguntas; «Todavía no lo sé» es una respuesta sincera. No hagas promesas que no sean seguras.
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Permitir los sentimientos
Nombra y acepta el miedo, la rabia o la tristeza («Eso dio mucho miedo»). No te rías de ello ni le quites importancia.
- 5
Mantener las rutinas
Mantén en lo posible horarios fijos para comer, dormir y jugar. Continúa con los rituales conocidos, como los cuentos antes de dormir.
- 6
Jugar y mantenerlos ocupados
El juego, el dibujo y el movimiento ayudan a los niños a procesar lo vivido. Las pequeñas tareas (sujetar la linterna, repartir agua) dan la sensación de poder ayudar.
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Observar las reacciones
Pegarse a los adultos, los retrocesos, las pesadillas, los dolores de barriga o la irritabilidad son frecuentes tras sucesos angustiosos. Responde con paciencia. Si las reacciones intensas persisten durante semanas o un niño habla de hacerse daño, busca ayuda profesional.
Errores frecuentes
- Mentir a los niños o no informarles en absoluto
- Dejar que los niños oigan conversaciones de adultos sobre miedos y noticias terribles
- Castigar los retrocesos
- Separar innecesariamente a los niños de sus cuidadores
- Ignorar tu propio agotamiento
Resumen rápido
Materiales
Objetos de consuelo y entretenimiento para niños
Peluche, juego, lápices de colores: también en la mochila de emergencia
Adecuado para
- Cortes de luz, mal tiempo, evacuación, refugio de emergencia, un accidente en la familia
- Niños de todas las edades, con un lenguaje adecuado a su edad
No adecuado para
- Un sustituto de la ayuda psicológica infantil o médica ante problemas persistentes
Requisitos previos
- Un cuidador adulto que se haya serenado en la medida de lo posible
Seguridad
- Evita separar a los niños de sus cuidadores siempre que sea posible. En las evacuaciones y en los refugios, asegúrate de que los niños pequeños lleven los nombres y datos de contacto de sus padres (por ejemplo, una nota en la chaqueta).
- Las imágenes y noticias constantes de catástrofes en la televisión y las redes sociales pueden asustar aún más a los niños. Limita la exposición a los medios y hablad de ello juntos.
Cómo funciona
Los niños leen en el rostro y la voz de los adultos lo peligrosa que es una situación. Los adultos que primero se serenan transmiten esa calma. Una información comprensible y sincera libera a los niños de imaginar algo peor. Las rutinas conocidas, el juego y las pequeñas tareas les devuelven una sensación de control y normalidad.
Ventajas
- Refuerza la sensación de seguridad de los niños
- Ayuda a prevenir malestares a más largo plazo
- También ayuda a los adultos a mantener la calma
Desventajas
- Muy exigente para padres agotados
- Requiere paciencia durante semanas
Conocimiento en profundidad
Fundamentos técnicos
La guía de primeros auxilios psicológicos de la OMS y la guía de la National Child Traumatic Stress Network de EE. UU. contienen secciones propias sobre los niños: mantenerlos con sus cuidadores, protegerlos de imágenes angustiosas, escucharlos, explicarles con sencillez y mantener las rutinas. También describen las reacciones típicas según la edad.
Los niños suelen recuperarse bien tras las crisis cuando se sienten seguros, vinculados y tomados en serio. El cuidado que los padres tienen de sí mismos no es algo secundario, sino un requisito para ello.
Variantes
- Adolescentes
- Los adolescentes quieren que se los tome en serio: infórmalos con franqueza, hazlos partícipes de las decisiones, dales tareas de responsabilidad y está atento al aislamiento, las conductas de riesgo o el consumo de sustancias.
Errores frecuentes
- Mentir a los niños o no informarles en absoluto
- Dejar que los niños oigan conversaciones de adultos sobre miedos y noticias terribles
- Castigar los retrocesos
- Separar innecesariamente a los niños de sus cuidadores
- Ignorar tu propio agotamiento
Límites y riesgos
- Sin diagnóstico de secuelas de trauma
- Si las reacciones son persistentes o graves, implica a profesionales
Fuentes (2)
- World Health Organization, War Trauma Foundation and World Vision International (2011): Psychological first aid: Guide for field workers · Apoyar a los niños: mantenerlos con sus cuidadores, protegerlos, escucharlos, explicarles con sencillez
- National Child Traumatic Stress Network and National Center for PTSD (USA) (2006): Psychological First Aid: Field Operations Guide, 2nd Edition · Reacciones de los niños tras catástrofes e indicaciones para los padres























